Plan Ciudad Vieja
Mario Bergara impulsa una ambiciosa propuesta urbana de más de 40 millones de dólares para potenciar la infraestructura del casco antiguo.
El corazón de la propuesta radica en un fuerte shock de recuperación edilicia, reconociendo el valor arquitectónico del barrio. Para ello, se prevé destinar 4,5 millones de dólares específicos en la restauración y refuncionalización de inmuebles públicos que actualmente se encuentran vacíos o subutilizados. Adicionalmente, el proyecto incorpora una partida de 2 millones de dólares orientada a la recuperación de fachadas privadas mediante un esquema de apoyos económicos y préstamos rotatorios para los propietarios.
En lo que respecta a los pormenores de las obras urbanas, el plan contempla intervenciones integrales dirigidas a la renovación del espacio público. Se buscará potenciar la accesibilidad, mejorar sustancialmente la iluminación y consolidar una estética urbana que priorice la convivencia ciudadana. El objetivo es consolidar un entorno armónico que respe te la identidad del casco histórico pero que atienda las demandas funcionales contemporáneas.
Inversiones y freno político
La estructura financiera del megaproyecto distribuye el grueso de sus recursos con el fin de reactivar el tejido social y habitacional. En ese sentido, la mayor porción de la torta —unos 6 millones de dólares— se destinará de forma directa a planes habitacionales dentro de la zona. Paralelamente, el plan estipula un desembolso de 3 millones de dólares enfocados específicamente en el fortalecimiento de la infraestructura y promoción del desarrollo turístico del barrio.
Para asegurar el éxito técnico de los desembolsos, el diseño contempla un fondo de 200 mil dólares reservados para tres consultorías externas especializadas. Estas oficinas técnicas tendrán la misión de planificar la gobernanza del barrio, trazar las líneas de desarrollo turístico y estudiar los aspectos económicos clave que sirvan como imán para atraer inversiones privadas genuinas y promover proyectos estratégicos a largo plazo.
A pesar del impacto urbanístico proyectado, la iniciativa enfrenta un severo cuello de botella en la Junta Departamental. Al tratarse de un financiamiento que implica contraer deudas que superan el actual período de gobierno, la Intendencia requiere de una mayoría especial de 21 ediles para su aprobación, una cifra que obliga al oficialismo local a captar al menos cuatro votos de la Coalición Republicana.
Hasta el momento, la oposición ha evaluado el plan de manera sumamente crítica; voces de la oposición califican la propuesta como un borrador "verde" y carente de respuestas precisas sobre la ejecución presupuestal. Incluso dentro del propio Frente Amplio persisten las dudas, donde algunos sectores observan con cautela la iniciativa y la catalogan como la más endeble en la escala de prioridades actuales, dejando al proyecto en un complejo e incierto escenario de negociación política.
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