La evolución de Techo

La organización transforma su modelo priorizando la innovación y soluciones progresivas frente a la precariedad.

La imagen tradicional de la vivienda de Techo —aquella casilla de emergencia con techo a dos aguas, estructura de tablas de 15 y chapas de zinc— está siendo replanteada desde la base. Si bien este modelo funcionó durante décadas como respuesta rápida ante crisis climáticas y sociales, las exigencias actuales y la búsqueda de mayor dignidad habitacional impulsaron una evolución técnica estructural.

Los voluntarios Gervasio Tort y Paula Bove, dos de los referentes del programa de construcción, explican a revista Deco que el modelo histórico quedó atrás para dar paso a sistemas más eficientes y confortables. La nueva vivienda incorpora un techo de “Confort Panel”, un sistema con mejor aislación térmica y mayor estabilidad, que simplifica el montaje y permite que una cuadrilla complete la edificación en un solo día, frente a los dos que requería el sistema anterior.

En cuanto a los muros, la innovación proviene de los paneles prefabricados similares a los utilizados por Ñandé, la fábrica social que trabaja junto a Mevir. Estos paneles consisten en doble fenólico con lana de vidrio en su interior, lo que ofrece una aislación y durabilidad significativamente superiores a la tradicional tabla de madera. El cambio no es solo técnico: también es estratégico. Techo trabaja de forma continua en la búsqueda de proveedores que permitan sostener mejoras de calidad sin comprometer la capacidad de ejecución ni el acceso económico.

A estas mejoras se suma un componente vital: el saneamiento. Gracias a una alianza con la empresa Softis iniciada en 2023, la organización incorporó módulos sanitarios como parte de sus intervenciones. En 2024 construyeron 58 baños, lo que representa casi el 60% de sus obras, ampliando el alcance de la vivienda de emergencia hacia una solución verdaderamente integral. Según el caso, el baño se integra a la vivienda o se construye como módulo independiente para familias que disponen de estructura, pero carecen de servicios higiénicos.

 

El desafío: Hacia la vivienda progresiva

A pesar de las mejoras logradas, el horizonte hacia el que mira la organización es uno más ambicioso: la vivienda progresiva. El objetivo es que la solución entregada no sea un punto final, sino el inicio de un proceso de consolidación familiar que culmine en una vivienda formal.

Hoy Techo Uruguay continúa operando mayoritariamente bajo el modelo de emergencia debido a las complejidades jurídicas del suelo: la mayoría de los asentamientos se encuentran en terrenos privados, donde no es posible construir soluciones permanentes. Sin embargo, Tort y Bove reconocen que la transición hacia modelos progresivos está “en la mira” y que ya se trabaja en alternativas que incluyan bases más sólidas (reemplazando pilotes de madera por fundaciones de material) que permitan un crecimiento modular y planificado por parte de la familia.

Esta visión nace de una realidad que los voluntarios conocen de primera mano: volver, una década o más después, a barrios donde construyeron sus primeras viviendas y encontrar que las familias aún viven en aquella solución de emergencia. La meta es romper ese ciclo, transformando la intervención de Techo en un trampolín real hacia la formalidad, y no solo una respuesta paliativa.

 

Impacto y voluntariado

A lo largo de su historia, Techo Uruguay ha impactado a más de 18.000 familias mediante distintos programas sociales y ha construido más de 1.800 viviendas de emergencia en todo el país. Aunque su producción anual está lejos del pico de 500 casas anuales de épocas de mayor masividad juvenil, la organización se encuentra en una etapa de “tomar impulso”, priorizando la calidad técnica y social de cada solución por encima de una lógica puramente cuantitativa.

El voluntariado sigue siendo la columna vertebral del modelo. Se moviliza durante todo el año y financia las obras mediante eventos corporativos, actividades comunitarias, campañas como “Fútbol por Techo” en abril y la colecta nacional de agosto. Ya sea a través de derivaciones de centros CAIF, articulación institucional o presencia directa en los barrios, Techo reafirma que su misión no se limita a levantar paredes: busca construir ciudadanía, organización y oportunidades.

La evolución de Techo en Uruguay podría compararse con el desafío de cambiar el motor de un avión en pleno vuelo: la organización debe seguir respondiendo a urgencias inmediatas mientras rediseña su tecnología, su estrategia y su mirada de largo plazo. Todo para que el aterrizaje de esas familias no sea solo más seguro, sino también más digno y definitivo.

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