Sello uruguayo a la altura

El nuevo ícono de Carlos Ott transforma la costa porteña con pisos e instalaciones singulares.

El reconocido arquitecto uruguayo Carlos Ott vuelve a marcar un hito en la arquitectura rioplatense con la concepción de Harbour Tower. Esta impresionante escultura habitacional de 190 metros de altura y 53 pisos promete redefinir por completo el perfil urbano de Puerto Madero en Buenos Aires.

Frente al desafío de proyectar en primera línea sobre el agua, Ott rechazó desde el inicio la idea de construir un prisma convencional. La premisa del proyectista uruguayo fue interpretar las fuerzas eólicas como materia viva de diseño, logrando que el volumen no compita contra las ráfagas sino que responda dinámicamente a ellas.

La propuesta conceptual de Carlos Ott fue llevada a la escala ejecutiva por el estudio Urgell-Penedo-Urgell y la gerencia de proyecto de GNV Group. Esta estrecha colaboración interdisciplinaria permitió transformar una geometría desafiante y sin repetición de plantas en un proyecto técnicamente viable y de vanguardia.

En lo estructural, el ingeniero Alberto Fainstein resolvió la estabilidad de la esbelta torre mediante un potente núcleo central de hormigón armado H50. La base de la estructura se apoyó sobre 49 barretas de fundación que alcanzan los 37 metros de profundidad respecto del nivel de vereda.

Para verificar la seguridad estructural y el confort bioclimático del edificio ante ráfagas severas, el proyecto fue sometido a exigentes ensayos en túnel de viento en el prestigioso laboratorio MEL Consultants de Australia. Estas pruebas validaron el comportamiento de la masa volumétrica ideada por Ott.

El dinamismo exterior diseñado por el arquitecto uruguayo genera que cada piso y terraza tenga variaciones únicas. Las residencias ganan esquinas multiplicadas y alturas libres de 3 a 4 metros, ofreciendo a los habitantes la sensación de flotar sobre el río con visuales despejadas en 360 grados.

La envolvente del edificio demandó una solución de ingeniería de fachada totalmente personalizada a cargo de Obras Metálicas S.A. Al no existir dos plantas idénticas, se implementaron sistemas ecualizados de presiones adaptados a cada quiebre y paño vidriado de la estructura.

La climatización individual también constituyó un desafío clave resuelto por el ingeniero Carlos Grinberg. Mediante un avanzado sistema VRV con unidades condensadoras ocultas en patios e instalaciones técnicas, se logró mantener el perímetro totalmente acristalado sin alterar la estética ideada por Ott.

Como coronamiento de esta obra emblemática, los pisos 52 y 53 albergan un penthouse dúplex singular con piscina cubierta y calefaccionada a casi 200 metros de altura. Una muestra más de la audacia proyectual de Carlos Ott, donde el cálculo técnico rinde culto a la arquitectura de autor.

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