Resurgir en La Teja

El histórico predio industrial donde operó la planta de jabones Bao mutará en viviendas comunitarias.

El paso del tiempo convirtió a la legendaria planta fabril de Bao en un mapa de escombros, muros erosionados por la humedad y techos desplomados en pleno barrio La Teja. Donde durante más de siglo y medio operó una de las industrias insignias del país, hoy solo sobreviven restos de mampostería, botellas sepultadas bajo capas de polvo y viejas marcas de pintura.

Sin embargo, ese vasto terreno industrial se prepara para encarar una radical metamorfosis urbana. El ambicioso plan contempla la erupción de un complejo residencial proyectado para dar abrigo a unas 150 familias de trabajadores, estructurado en torno al modelo de cooperativas de ayuda mutua.

Bajo la dirección técnica del Programa de Vivienda Sindical, la propuesta arquitectónica apunta a resignificar el predio mediante la preservación estratégica de sus bases sólidas. Las vigas y columnas de hormigón armado, validadas estructuralmente por profesionales, servirán de soporte para edificar unidades habitacionales distribuidas en planta baja y cuatro niveles.

La financiación requerirá la intervención del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial, organismo que aportará el 85% de la inversión requerida. El porcentaje restante correrá por cuenta del esfuerzo propio de los cooperativistas, quienes posteriormente saldarán el crédito estatal a lo largo de un período de 25 años.

Entre las tres cooperativas que convivirán en la manzana rediseñada, una de las directivas está encabezada por Silvana Cavani, hermana del reconocido deportista de la selección nacional. La referente destaca que la vía cooperativa constituye el único mecanismo viable para que las familias trabajadoras accedan al techo propio.

Para los habitantes del barrio, el renacimiento de la vieja planta trasciende la simple solución habitacional. La Teja conserva una profunda identidad obrera y sindical, por lo que transformar un emblema del trabajo industrial en un núcleo de convivencia comunitaria carga con un hito simbólico de gran significación.

El proyecto también cruza emociones para antiguos operarios que marcaron su juventud en la cadena de producción. Es el caso de Aníbal López, un octogenario exintegrante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros que comenzó sus labores en las calderas de la planta durante la década de 1950.

Su vinculación con la empresa se truncó de manera abrupta en 1975, cuando resultó detenido durante el régimen dictatorial. Tras permanecer privado de libertad más de cuatro años, las inasistencias forzadas motivaron su despido, impidiéndole volver a pisar las dependencias de la industria por décadas.

Hoy en día, el reencuentro con los galpones en ruinas adquiere un sentido de continuidad generacional. Sus propias hijas integran la nómina de las cooperativas que ocuparán el predio, asegurando que la herencia territorial del lugar continúe vinculada al seno de su familia.

En el aspecto arquitectónico, las zonas de la fábrica cuya infraestructura resulta irrecuperable serán demolidas de forma integral para dar paso a las nuevas obras. Las unidades a construir tendrán variantes de dos, tres y cuatro dormitorios para amoldarse a la composición de los diferentes núcleos familiares.

Como gesto hacia el patrimonio histórico y la memoria colectiva del barrio obrero, la colosal chimenea de la planta no será derribada. Permanecerá erguida en medio del nuevo complejo residencial como un ícono que atesorará el recuerdo de la vieja época fabril.

Foto fuente: Diario El País

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